La violencia volvió a manchar el fútbol colombiano en un escenario donde supuestamente no debía pasar nada: Yopal. Lo que arrancó como un clásico intenso entre el Deportivo Pereira y el Once Caldas terminó con las barras enfrentadas a golpes y el partido suspendido por casi media hora mientras el pánico se apoderaba de los asistentes en el estadio Santiago de las Atalayas.
Todo estalló justo en el minuto 90, cuando la expulsión de Juan Castañeda dejó al Once Caldas con diez hombres y los ánimos en la grada se desbordaron. Según se pudo ver en la transmisión oficial, la logística del escenario habría ubicado a ambas hinchadas en la misma tribuna, divididas apenas por unas vallas que no sirvieron de nada. En cuestión de segundos, la situación pasó de los insultos a las agresiones físicas, obligando al árbitro Alejandro Moncada a detener el juego de inmediato mientras la Policía intentaba, entre empujones y gritos, evacuar a la gente para evitar una tragedia mayor.
El ambiente en la cancha se puso igual de pesado. Mientras los jugadores del Pereira querían terminar el partido, los del Blanco Blanco se negaban a seguir, denunciando que al parecer había personas heridas y que no existían garantías mínimas de seguridad ni iluminación suficiente para continuar. Incluso hubo un fuerte cruce con Walmer Pacheco, a quien acusaban de estar involucrado en la gresca, aunque versiones cercanas al jugador indican que solo intentaba sacar a su familia del sector de los disturbios. Tras 30 minutos de incertidumbre y discusiones en el campo, el partido se reanudó solo por compromiso legal, dejando un sabor amargo y la duda de por qué se permitió un esquema de seguridad tan frágil para un partido de esta magnitud.


















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