La fe y la indignación chicharon en el corazón de Bogotá durante el desarrollo de la Semana Santa 2026. Lo que debió ser una jornada de reflexión religiosa se transformó en un escenario de confrontación simbólica cuando diversos colectivos ciudadanos ocuparon la Carrera Séptima para ejecutar una serie de representaciones críticas frente a templos emblemáticos como la iglesia de San Francisco.
Estas acciones, descritas por sus ejecutores como un «performance de denuncia», utilizaron la estética del viacrucis para visibilizar reclamos de larga data relacionados con presuntos casos de abuso y supuestos mecanismos de encubrimiento que habrían tenido lugar en el seno de la Iglesia Católica. Los manifestantes, algunos vestidos de negro y utilizando simbología que generó un rechazo inmediato en los feligreses, centraron su discurso en la exigencia de justicia y la transparencia institucional en dónde también hubo cruce de insultos. La situación escaló obligando a la intervención de la Policía Metropolitana para evitar alteraciones mayores del orden público y garantizar el derecho a la libre movilidad en el sector.
El trasfondo de esta protesta no es un evento aislado, pues en años pasados ha contado con las irrupciones en la Catedral Primada por parte de agrupaciones como la denominada Red de Artistas en Resistencia. Mientras los participantes defienden estas expresiones como un ejercicio necesario de la libertad de expresión frente a estructuras de poder, sectores de la comunidad católica y autoridades locales evalúan si estos actos traspasaron la barrera del derecho a la protesta.


















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