Vivir en el barrio La Pradera de Villamaría se volvió un problema por cuenta de los cortes de agua. No importa si llueve o hace sol, el servicio se va después del mediodía y la gente se queda con los crespos hechos hasta cuatro veces a la semana, sin que la empresa Aquamaná diga absolutamente nada.
La situación ya pasó de ser una molestia a un daño grave para el bolsillo de los comerciantes y la vida diaria de las familias. Los vecinos reportan que los cortes ocurren de un momento a otro, sin avisos previos ni reportes de daños en la tubería, lo que parece ser una falta de respeto total con el usuario. Lo peor del caso es que cuando intentan llamar a la empresa para pedir una explicación, nadie contesta el teléfono y las quejas en redes sociales terminan en el vacío.
El reclamo es claro: si cobran el recibo puntual, el servicio debería ser igual de cumplido. Los habitantes de este sector están cansados de que el agua se convierta en un lujo que aparece y desaparece sin previo aviso. Le exigen a la gerencia de Aquamaná que dé la cara, explique por qué no hay agua en las tardes y solucione de una vez por todas estos cortes que, al parecer, se volvieron paisaje para la empresa pero una pesadilla para la comunidad.

















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